El asesino número 1

Es así como se le conoce a la principal causa de mortalidad en el mundo: La enfermedad cardiovascular. En Estados Unidos cada 40 segundos se presenta un infarto al corazón y cada año más de medio millón de personas pierden la vida. El costo es cerca de 200 billones de dólares al año.

La enfermedad cardiovascular se conforma por varios actores que afectan el sistema cardiovascular y el corazón. Dentro de ellos, se encuentra la hipertensión, también conocida como el asesino silencioso, la enfermedad coronaria o aterosclerosis, accidentes cerebrovasculares o derrame cerebral y el infarto al miocardio. Juntas, forman la principal causa de mortalidad en el mundo en países como Estados Unidos y México.

Las enfermedades cardiovasculares se consideran un problema de salud pública. En México, 1 de cada 5 adultos muere por problemas del corazón debido a sus principales factores de riesgo. Se estima que existen actualmente más de 17 millones de personas con hipertensión y más de 14 millones con niveles de colesterol altos. De no considerar la reducción de los factores de riesgo, este problema crecerá de manera importante.

Las principales causas de las enfermedades cardiovasculares son las siguientes: tabaquismo, presión arterial alta, sobrepeso y obesidad, obesidad abdominal, dislipidemias (niveles de colesterol total, triglicéridos y LDL alto y colesterol HDL bajo). Estos factores cumplen, además, con otro de los más importantes factores de riesgo: la genética.

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A pesar de que en la mayoría de los casos las enfermedades cardiovasculares se desarrollan por causas del estilo de vida (falta de actividad física, dieta inadecuada, altos niveles de estrés, tabaquismo, etc.), estudios recientes han estimado que la herencia multifactorial puede tener un peso de hasta el 50 % en algunas poblaciones. De hecho, se ha sembrado la idea de que un estilo de vida considerado como saludable podría no ser suficiente para compensar una genética de riesgo y no solo eso, ¡se ha comprobado científicamente!

Los estudios más importantes han recopilado decenas de miles de personas y han evaluado el efecto de la genética en la salud cardiovascular. Como se suponía, las personas que tenían mayor carga genética eran quienes presentaban mayor riesgo cardiovascular (el indicador utilizado fue la calcificación de las arterias coronarias). También, el grupo de personas con mayor número de variantes genéticas de riesgo presentaron mayor prevalencia de enfermedad coronaria y eventos cardiovasculares. Aún más interesante, las personas con alta carga genética, pero que tenían un estilo de vida saludable, presentaron un riesgo equivalente a una persona con baja carga genética y un estilo de vida desfavorable. Los resultados sugieren que, en una persona genéticamente predispuesta, las recomendaciones generales para una buena salud podrían no ser suficientes resaltando la importancia de un tratamiento personalizado.

Los genes involucrados en la salud cardiovascular son aquellos que participan en el transporte de nutrientes y mecanismos de expresión genética. Dentro de los más destacados, se encuentran los siguientes: ABCA1, APOA, LDLR, LIPC, PPAR, PCSK9, LPL, CDKN2A, CDKN2B, entre otros. Sin embargo, el mecanismo exacto por el que cada uno de estos genes se consideran factores de riesgo no se ha esclarecido. Adicionalmente, algunos de ellos tienen interacción con el estilo de vida. Por ejemplo, la ingestión de cafeína podría incrementar el riesgo de infarto al corazón solo en personas con una determinada variante del gen CYP1A2; algunas otras personas podrían mejorar su salud cardiovascular si adoptan estrategias como una dieta tipo mediterránea o incluir fibra y soya.

La prevención es la principal estrategia para evitar las enfermedades del corazón. Evitar fumar, mantener un peso saludable, mantenerse físicamente activo y una dieta saludable siguen siendo las piedras angulares del tratamiento. Sin embargo, conforme la tecnología avanza, es posible tener acceso a los análisis genéticos permitiéndonos conocer nuestro genotipo y tomar acciones más efectivas en conjunto con un profesional de la salud capacitado. Así como en los ejemplos proporcionados en el párrafo anterior, estudios ya han descubierto que las personas genéticamente predispuestas son quienes tienen un gran beneficio de un tratamiento médico con estatinas.

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